viernes, 2 de junio de 2006

…quien le da el garrote

Arlán A. Narváez-Vaz R. (*)

Durante los primeros años de la presidencia de Carlos Andrés Pérez, y hasta el 4 de febrero de 1992, fueron tantos sus viajes al exterior que se decía que ya no cobraba su sueldo en bolívares sino directamente en "traveler’s checks"; huelga decir que, según las estadísticas que lleva el ex diputado Carlos Berrizbeitia, el actual huésped de Miraflores (cuando visita Venezuela) ha sobrepasado en muchísimo el afán turístico de CAP y sus delirios de liderazgo mundial.

Resulta verdaderamente paradójico que estos dos personajes en varios aspectos resultan contrafigura entre sí, no sólo en las particularidades citadas en el párrafo anterior, sino en los arranques emocionales que los llevaron a regalarle barcos o helicópteros a Bolivia o en la imperiosa necesidad de protagonismo y aplausos. Ambos también se han sentido reencarnación de Bolívar, aunque en todo lo señalado hay que reconocer que CAP se quedó pequeño como niño de pecho frente al actual.

Hay algo sin embargo que resulta muy diferente entre ambos: a aquel, aunque jamás manoseó ni se empeñaba en mostrar el librito de la Constitución, las instituciones lo enfrentaron y le hicieron salir de la Presidencia y lo más paradójico es que fue por destinar 250 millones de dólares para Nicaragua al margen de las disposiciones y controles presupuestarios. ¿Podrá usted creer que ahora, Constitución en mano, se destinan miles de millones hasta para el Bronx, sin control ni autorización de nadie, y el "Poder Moral" se queda calladito?

Este es uno de los aspectos más tristes y deprimentes de lo que vive el país, el silencio o la babosa aprobación ciega que los partidarios del régimen se aprestan a dar ante los excesos, costosas excentricidades o manejo del país como si fuera hacienda personal del supremo.

Es vergonzoso ver y oír a colegas economistas balbucir explicaciones banales ante nuestra salida de la CAN y del Grupo de los Tres, o ante el atropello a la autonomía y la pérdida patrimonial y ruina del Banco Central de Venezuela, por citar solamente los casos más recientes.

Nunca he militado en ningún partido ni en grupo alguno donde tenga que hipotecar mis principios y creencias para defender lo que vaya en contra de ellos o para decorar sus adefesios; por eso me es imposible entender que profesionales bien formados callen o asientan y acepten como borregos cualquier majadería que se le ocurra en un arrebato o en un trasnocho "al líder".

Más deprimente aún es verlos sacrificar su formación y conciencia crítica, que en el pasado supo enfrentar las plagas, desarreglos, errores y corrupción, para ahora, cuando son muchísimo mayores y evidentes, venir a excusarlas o taponarlas con el cuento de una "revolución bonita" o con el vil pretexto de que "los otros hacían lo mismo".

Voy a contener mi pluma y evitaré comentarios sobre el espectáculo del domingo en el altiplano boliviano, regalando helicópteros como si fueran suyos y amenazando romper relaciones con el Perú si la voluntad soberana de su población elige como presidente al candidato que no le gusta al supremo, pero sí quiero lamentar haber oído la intervención pública de un conocido profesor de mi Facultad, en la UCV, coincidiendo y alabando tal barbaridad. Sin embargo, no puedo dejar de reseñar que me resultó absolutamente increíble oírlo afirmar, en el mismo escenario boliviano, que un hombre de Estado o quien aspira a serlo, ¡"debe saber moderar su lenguaje"! ...dirían en España: "jolines, este tío tiene más cara que espalda".

En fin, pareciera que vale más la lealtad ciega a quien se cree iluminado que la fidelidad a los principios, a la conciencia y al compromiso con el futuro del país y con los venezolanos: "La culpa no la tiene el ciego sino quien le da el garrote".. ¡Cosas vederes, Sancho!

(*) Profesor UCV / arlannarvaez@gmail.com

Publicado en el Diario 2001 el 31/05/2006

2 comentarios:

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