jueves, 27 de octubre de 2005

Cinco Pollitos

Anexo les transcribo otro artículo de mi Tío Arlán publicado en el Diario 2001 ayer. 26 Octubre de 2005 Opinión

Arlán A. Narváez-Vaz R. (*) Profesor UCV / arlannarvaez@gmail.com

Serenata Guayanesa es uno de los grupos que ha hecho más por rescatar, preservar y difundir a nivel mundial, con excelente calidad, nuestra música tradicional. Esta es una de las razones por las que se han ganado el aprecio y respeto de los venezolanos, que en el caso de los niños es especial por sus discos de canciones infantiles tradicionales y en nuestro caso personal se multiplica por la experiencia que vivimos de su extraordinaria sensibilidad y calidad humana cuando seguíamos estudios de postgrado en Escocia. Resulta que un antiguo alumno que trabajaba en el Consulado de Venezuela nos envió una invitación para una presentación que haría el grupo en el Bolivar Hall de Londres; viajamos desde Glasgow para verlos y mi hija Altair, que en ese entonces tenía 5 años, al saludarlos antes de la función, se soltó a decirles que le encantaban las canciones de "Serenata Mayonesa" y estuvo un buen rato alternando con ellos. Luego, durante la función, tuvieron el bellísimo detalle de compartir con el público alguna de las ocurrencias de Altair y le dedicaron "El Papagayo". De esas ocurrencias de ella ya he compartido algunas con ustedes en esta columna, como las que derivan de las inconsistencias o mensajes preocupantes de "con real y medio" y de "patito, patito" que, sin ser psicólogo, sino simple padre preocupado por la salud mental de sus hijos, digo yo que tal vez puedan explicar parcialmente muchos de los comportamientos desviados de los adultos. Esta vez me referiré a otra que tiene gran actualidad: "Cinco pollitos". Los versos dicen: "Cinco pollitos tiene mi tía; uno le canta, otro le pía y otro le toca la sinfonía" y Altair preguntaba: "papi y los otros pollitos ¿qué hacen?" Obviamente mucha gente creció con daño en su estructura lógica y sus capacidades de cálculo por culpa de esta canción, pero el efecto es peor cuando llegan al gobierno y producen estadísticas. Quien no lo crea simplemente recurra a las recientes cifras sobre pobreza del Instituto Nacional de Estadísticas, en las que se muestra una considerable reducción hasta de la pobreza extrema. La explicación "técnica" fundamenta estos resultados en el reconocimiento "científico" del impacto que tienen las misiones en hacer que los pobres sean menos pobres porque, en lugar de comprar en Corpomercadeo (escoria de la 4ª República), ahora pueden comprar en el revolucionario Mercal (el mismo musiú con diferente cachimbo) y porque en lugar de tener empleos estables, con sueldo, vacaciones, prestaciones, seguro social y demás beneficios que les da la Ley del Trabajo, ahora pueden recibir real para formar cooperativas y no depender de esas manifestaciones de neoliberalismo salvaje. Aquí entre nos, por mucho que me lo expliquen siguen faltando dos pollitos, que en caso de estas estadísticas son un gallinero completo (¿vertical?). Lo cruel del caso es que, por mucho que se trate de ocultar, pobreza es pobreza y si no creen, pregúntenle a los pobres si ahora son menos pobres porque lo dice el INE. Conceptualmente se confunde la luna con el dedo que la señala, la pobreza no se resuelve con argucias ni con dádivas, se resolverá principalmente con la incorporación productiva de sus dolientes a la economía. Esto no podrá lograrse, ni en el 2030 ni en el 2300, con una concepción oficial que repudia la riqueza y alaba la pobreza. La experiencia histórica a nivel mundial ha demostrado fehacientemente que la única receta infalible, condición necesaria aunque no suficiente, tanto a título personal como a nivel nacional, para resolver la pobreza es la creación de riqueza, consecuencia directa del estímulo y crecimiento de la actividad productiva (en su concepción más eficiente) de los particulares. Maquillar las estadísticas para que figuren menos pobres no resuelve el problema y es ofensivo a la dignidad de éstos. Si los pollitos son 5, que aparezcan todos y que tengan condiciones para crecer sanos y productivos. ¡Cosas vederes, Sancho!

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