viernes, 30 de septiembre de 2005

IDENTIDAD NACIONAL

Anexo les pongo este interesante artículo de mi Tío Arlán publicado en el Diario 2001 hace un par de días, donde muchos de Uds., como yo, se sentirán reflejados y compartirán su opinión. 28 Septiembre de 2005 Opinión Arlán A. Narváez-Vaz R. (*) Profesor UCV / arlannarvaez@gmail.com Cuando mi hermanita y yo rondábamos los 10 años nuestros padres, por razones que no vienen al caso, nos llevaron a vivir a España. Fue una de las experiencias más interesantes y enriquecedoras que he vivido, aunque supongo que mucho de lo que la hizo inolvidable se debió a la edad en la que nos tocó vivirla. Fueron casi 4 años bien intensos durante los cuales batallábamos internamente por mantener y defender nuestra identidad y características de venezolanos, hasta en sus detalles. Recuerdo que este fue el motivo de uno de los jaleos más grandes que tuve con mi hermana: un día que veníamos de ver a Marisol (cantante y niña prodigio del cine español de entonces) en Galerías Preciados, al cruzarnos con otros niños que parecían que iban a verla, mi hermanita les dijo con el más castizo acento español: "chavales, daos prisa si queréis ver a Marisol"; esta "españoletada", como yo la llamé entonces, originó que fuera objeto de chapa durante mucho tiempo, con las consecuentes rabietas y represalias de su parte. Esa identidad venezolana y la nostalgia por la patria llenaron muchas de nuestras vivencias. Me sentía como un pavo real al ver en los libros de geografía universal la foto del Salto Angel, "el más alto del mundo", y la de la autopista Caracas -La Guaira, "muestra del prodigio de la ingeniería moderna", aunque me enojaba mucho no encontrar en los libros de historia ni una mención de Simón Bolívar. La España de aquel entonces apenas se recuperaba de su cruenta Guerra Civil y aún podían verse sus cicatrices. ¡Recibíamos 31 pesetas por cada bolívar! y con la arrogancia que el petróleo nos ha dado a los venezolanos yo sentía algo parecido a lo que debe sentir el presidente gastando y regalando los reales por donde va pasando, con la diferencia de que mi papá se los había ganado trabajando. Con esa misma arrogancia venezolana, pero esta vez basada en lo que nos enseñan en la escuela, retaba a mis compañeros españoles a que me dijeran "¿quién era su libertador?", para tratar de demostrarles que su historia era insignificante porque no tenía una Guerra de de Independencia ni un Bolívar como nosotros. A mis compañeros latinoamericanos, con guerras de independencia más o menos parecidas a la nuestra, aunque les reconocía a San Martín, Hidalgo, OHiggins o Artigas, los retaba con los nombres de sus caciques, para enfrentarles que Monctezuma, Cuitlahuac o Cuauhtémoc eran bagatela frente a Guaicaipuro, Tamanaco, Mara y todos los de la lista que Italcambio convirtió en monedas de oro. Hoy en retrospectiva valoro y comprendo tales vivencias mucho mejor e integralmente, y me doy cuenta de las necedades a las que conduce la ignorancia y el provincialismo, claro está que en aquel entonces yo tenía 11 años. Hoy sé que Bolívar, efectivamente, fue un hombre excepcional, como tantísimos otros que llenan la historia de la civilización universal, pero también sé que es una sandez tratar de medir la dimensión o importancia de otros comparándolos con él, porque ni él, ni Cervantes, Goya, Velásquez, Beethoven, Shakespeare, Whitman, Neruda, Miguel Angel, Einstein, Freud, Pitágoras, Uslar Pietri, o miles de otros más, tienen parangón; y también sé que Guaicaipuro y los de las demás monedas no pueden compararse con aquellos que dejaron rastros de civilizaciones avanzadísimas, por mucho que alguno, todavía de 11 años, se haya empeñado en inventarles tantos méritos como para incorporarlos al preámbulo de nuestra Constitución como inspiradores de la misma. Hoy, en lugar de recibir 31 pesetas por bolívar tendría que pagar casi 17 bolívares por peseta (en euros al cambio oficial venezolano). El país se desmorona en lo económico y en lo social y todavía seguimos creyéndonos "la última pepsicola del desierto". Peor aún, en lugar de asumir responsabilidades y corregir los errores que hemos cometido, seguimos cayendo en ellos, incluyendo echarle la culpa a otros: a los gobiernos anteriores, al pasado imperio español o al de "Buch". ¡Cosas vederes, Sancho!

viernes, 23 de septiembre de 2005